martes, 18 de diciembre de 2012

GENEALOGÍAS DE JOSÉ MARÍA CUMBREÑO O LA HERIDA Y EL DAÑO SON EL PRODUCTO DE UNA SIMPLE MULTIPLICACIÓN





El niño y el perro, A Coruna, agosto de 2012 por Pablo Müller


“La herida y el daño son el producto de una simple multiplicación. “
José María Cumbreño. Genealogías.

Genealogía.
(Del lat. genealogĭa, y este del gr. γενεαλογία).
1. f. Serie de progenitores y ascendientes de cada persona, y, por ext., de un animal de raza.
2. f. Escrito que la contiene.

Un poemario que se titula Genealogías y que menciona a Bob Esponja en su contraportada recorre fácilmente el espacio entre la estantería y la mano del que escribe. Si la estantería está en una librería, un lugar de donde deben rescatarse los libros, lo corriente es que se vaya conmigo. Ocurrió un día. Así llegó a casa.

Otro día abres el libro y lees la cita de Oscar Wilde “Los niños comienzan por amar a sus padres. Cuando ya han crecido, los juzgan, y, a veces, hasta los perdonan.”

Sigues y José María Cumbreño avisa: “Para una vez que consigo empezar a escribir con una imagen simbólica. De esas que se supone que debe usar la poesía.”

Por si acaso, añade:
“El poema perfecto: aquel que fuera capaz de escribirse solo: / El poema perfecto: a la postre, un poema sin poeta.”

Sabido es que el poema está en un nolugar al alcance de algún raro y distante receptor (por ejemplo, Bob Esponja) y se escribe por él. Sabido es que todos los poemas son perfectos, en los instantes previos a su escritura. Lo que está estropeado es el receptor. Es decir, todos los padres son perfectos hasta que se ponen a tocar el piano.

“En algunas lenguas, dos negaciones afirman.
En otras, en cambio, niegan con más fuerza.”

“Porque el aire pesa más que algunos gases.
Y la vida, menos que los recuerdos.”

Ese poema perfecto se instala en ocasiones en un nolugar que también, es decir, tampoco, es un nomomento. Ahí comparto al padre que soy, con el hijo que soy, o con el hijo que fui, un ser distinto al anterior: hermanos extraños a los que separa un nacimiento concreto.

Ese poema perfecto tiene la materia prima de los recuerdos. De los propios y de los heredados, incluyendo, y reconozco la inutilidad del apunte, los recuerdos que han sido olvidados por todos.

“Si cierro los ojos, no soy yo el que no ve a los demás:
son los demás los que no me ven.”

Oscar Wilde tuvo dos hijos, Cyril y Vyvyan. Para sobrevivir su madre les cambió el apellido. Murieron siendo Holland. Cuando cerraban los ojos los dos a la vez, volvían a recuperar el apellido del padre: Wilde.

Genealogías

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