domingo, 1 de mayo de 2011

LOS HOMBRES INTERMITENTES DE FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

Cereal y electricidad, campos de Pollos en Valladolid, abril de 2011 por Pablo Müller

Dónde está el hombre al que llamo. Quizá no pueda abrirse paso entre quienes me acompañan. Caigo en el aire quieto. Ellos se disponen en círculo alrededor de mi ausencia.



Una tarde de domingo compré un libro de Irazoki. Fue en la web de Hiperion. Buscaba a Jorge Riechman y encontré Los hombres intermitentes. El domingo por la noche llegó al face una invitación de amistad de Irazoki. Pensé que, por alguna razón, conoció mi compra y quiso agradecerla. Pensé que aquella madrugada ya podía prescindir de mi cerebro, pero en ese momento no tenía un libro en el que leerlo y aunque nunca estuve tan solo, rodeado de abismos de hierba caliente, en marzo en mi pueblo todavía no hay hierba que cortar.
Cuando recogí en correos el paquete de libros de Hiperion habían pasado varios días desde la noche del domingo y acorde con mi nueva estatura abrí con cuidado el diligente envío, donde los libros protegidos por cartones llegaban hermosos y nuevos. Beckett, Bonnett, Irazoki y Riechman.
Los llevé al trabajo. Los enseñé a los compañeros. Orgulloso los volví a meter en el solícito paquete y así los llevé a casa. Los deposité en la librería en un sueño de las larvas de las tinoleas que habitan conmigo.
Unas semanas más tarde metí a los hombres intermitentes en la bolsa de viaje y los leí en Castilla en primavera donde la tierra anochecida se inventa a la luz de iglesias de adobe y pensamiento y gusanos terminan convertidos en idea y escarabajo.
Por la carretera cercana ajenos al sueño corren los coches portugueses y en su equipaje hojas secas el pequeño paquete de heterónimos que enseñar a sus nietos franceses mientras cierran la vejez con sus llaves de conserjes.
Bravo Irazoki: las ensayadas posturas de tus palabras se arrellanaron en mi mente y si bien también aquí, como otra maldición del clima, lo rudo es obligatorio, tus prosapoemas, tus poeprosamas, me conducen por el daño de la pureza, por la belleza cansada, por el lado de la cama de un niño que sueña planetas que dejan de serlo, por la consistencia del lenguaje de árbol, por el camino de regreso a las fotografías, por la velocidad del viento repentino y por esas casas en las nadie barre la tristeza.





Los hombre intermitentes
Prólogo de Fernando Aramburu
1ª edición: 2006
128 pp.
Español / España

IRAZOKI, Francisco Javier
Libros Hiparión, 192
ISBN:84-7517-883-9 / 978-84-7517-883-7
Precio; 10 euros

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