jueves, 30 de junio de 2016

EN ESTA HABITACIÓN ENTRAN TANTAS PERSONAS



Habitación de hotel, Madrid, abril de 2016 por Pablo Müller




«…en esta vida no se puede dejar a nadie a la intemperie. Ni siquiera a los personajes de los cuentos.»

Iosu Moracho

 

En esta habitación entran tantas personas

que se podría hacer una fiesta,

o meter cuatro tiendas de campaña

—esas que rezuman el agua de la lluvia en Idomeni—

y todos sus ocupantes.

En la cama que ocupo, —la otra está vacía—

dormirían dos adultos y un niño

sin estrecheces,

en la otra vacía duerme la caridad,

sola, así, huraña, protestona,

esperando una niñita, a poder ser rubia

y cristiana

para poder poner sus manos encima

y sonreír a la cámara,

recién traída de Panamá.

 

 

 

Madrid, 6 de abril, Crowne Plaza Madrid Airport

viernes, 24 de junio de 2016

DEJAR HABLAR AL SUFRIMIENTO


En la carretera, a la vuelta, junio de 2016 por Pablo Müller



«dejar hablar al sufrimiento es el principio de toda verdad»

Theodor W. Adorno

 

A veces comprender es sencillo:

dejar hablar al sufrimiento

es el principio de toda verdad.

Es fácil cuando el sufrimiento es nuestro,

el nuestro:

no

otro,

no(s),

otro(s)

 

sábado, 18 de junio de 2016

MAGNIFICAT


Cuaderno, Pablo Müller, junio de 2016



 

Magnificat

 

La verdad.

El olor del canto,

el sonido de los lilos,

las carreteras,

los platos de comida, el resto del chocolate

la verdad,

la mirada que se fija en el auxilio,

la resistencia al tedio,

azul límite del mar,

límite de la tristeza,

límite y verdad.

 

 

sábado, 11 de junio de 2016

LA VOZ


El polígono, Gipuzkoa, noviembre de 2015 por Pablo Müller


 

«Una poeta escucha la cadencia, las infinitas voces del mundo —las emancipadas, las que son esclavas— y que nunca coinciden, ni están en conformidad con el mundo. Un poeta recuerda las escrituras que lo preceden, las que vendrán, las que todavía no nacieron. Una poeta admira las imágenes que brotan de la veloz materia que es un acorde, un sueño, una voz. Un poeta sabe que las palabras nunca tendrán poder para armonizar. Que ningún poema será señor de sí, ni del idioma, ni del mundo.»

 

Chus Pato - Hordas de escritura seguido de Secesión - Amargord Ediciones

 

Hay lecturas que fundan el presente y se quedan en él.
 
Aún cuando la recuerdo, incluso cuando imagino, algo estéril, las mismas en el futuro, esas lecturas están en su plenitud.
 
Por eso son presente.
 

 

«Mi voz

He nacido una noche de verano

entre dos pausas. Háblame: te escucho.»

 

Vicente Aleixandre – Espadas como labios

 

Las pausas al nacer son, dice Aleixandre, la invitación al otro a hablar, el anuncio al otro de que es escuchado.
 
El otro no es otro sino nosotros, un yo expandido que invita y anuncia hasta desaparecer, otro plural y comunitario.
 
El yo la voz, el nosotros la poesía.

 

 

lunes, 6 de junio de 2016

SINCINESIA, UN POEMA DE IOSU MORACHO





 

Sincinesia

 

Recuerdo aquella tarde

cuando estudiábamos pedagogía

y aspirábamos a sacarnos la licenciatura en Ciencias de la Educación,

para cambiarlo todo desde las aulas,

que en una manifestación

frente a las puertas del Gobierno Civil

y la barrera policial,

te acercaste a uno de los maderos

y ante sus gestos deshilvanados hacia nosotros

le dijiste bajito

que aquello era una sincinesia

y que tenía solución,

 

Hacía poco que habíamos estudiado

los movimientos que hacen los niños cuando cogen el lápiz

y esto les causa estrés,

mueven todo el brazo,

sacan la lengua,

igual que el madero.

 

Y recuerdo cómo el madero te miró

como si realmente supiera que tenía un problema

y que lo tenía que resolver.

 

Esa tarde te pegaron menos.

 

martes, 31 de mayo de 2016

MI PADRE ME ENSEÑA


El padre en el juego de las cartas, por Pablo Müller



 
«Mi padre me enseña que tenemos que inventar a ese padre con dolor y sin ferocidad, un padre que nos invente.»

Jorge Riechmann

 

Contamos diez cebollas en la huerta,

nueve manzanas calientes de mañanas,

ocho hachazos en los leños de la encina,

— el sudor del padre y sus ojos cerrados —

siete surcos para drenar el agua del riego,

seis paladas de arena por dos de cemento,

cinco gritos por hora clamando aplicación,

— no te escondas, no te escapes —

cuatro piedras con las aristas de sangre,

tres hijos vivos, dos hermanos supervivientes,

el padre único, al amparo del dolor,

— el peso de la vieja vida,

un paso de danza que se ejecuta sin pareja —

 

Desbrozamos, con su compasión, la maraña

violenta, el ruido agreste, cercamos el miedo,

antiguo y tosco, y limpio el camino

mostramos la salida del daño, ánimo,

enérgica despedida: no

— al padre no, a nosotros no —

con el no, esa sílaba esencial,

inventamos al padre sin noticia,

el padre que nos inventa por fin.

 

viernes, 27 de mayo de 2016

MATADERO DOS


Autovía desde el polígono, abril de 2016 por Pablo Müller


Matadero Dos.

 

Al buey desollado,

de las patas traseras colgado,

el matarife

corta el vientre,

desde la altura de la plataforma.

 

De entre los dientes metálicos

silva el humo de la vida,

el sudor del hombre, 

el grito de la máquina.

 

Protegido por el cristal

del mirador

del pasillo

junto a las oficinas,

froto con dos dedos

la esquina de mi corbata.

 
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