sábado, 26 de julio de 2014

EXPULSAR LAS GOLONDRINAS


El almacén y las golondrinas, junio por Pablo Müller


«En aquella esquina los adolescentes semidrogados

juegan al fútbol con la alegría de los que nada esperan del futuro

y el futuro efectivamente está escaso de provisiones.»

Jeymer gamboa

 

Expulsar las golondrinas de los almacenes

 

Expulsar las golondrinas de los almacenes

Expurgar sus nidos

Agujerear los huevos de sus futuras crías

Envenenar las lombrices con las que se alimentan

Y

Expulsar las golondrinas de los almacenes

Levantar pilas de papel y cartón, embalajes y poliretano

Competir conduciendo carretillas hidráulicas

a ver quién llega primero a este estercolero,

a ver quién degüella primero al hijo,

del otro, como si no fuera el nuestro.

 

domingo, 20 de julio de 2014

EN LLEGANDO LA NOCHE SALGAN DE LAS CIUDADES



Noche, autobús, Torrejón de Ardoz, por Pablo Müller



 
Digo a los niños que en llegando la noche salgan de las ciudades y se lleguen a los bordes de los pinares, junto al mar, en el norte y protegidos por los barcos insolventes vean como los sueños, los míos, los tuyos, se derrumban en oscuro grito y reflejo… para levantarse al siguiente día.

 

También digo que guarden el recuerdo para la autobiografía de nadie, sin yo, con el amor del mar, sin dios, y que no olviden que víctima se escribe en los restos de la victoria, se escriben las primeras voces, voces del dolor de todas las noches…

 

sábado, 12 de julio de 2014

AUTOCONOCIMIENTO


Hotel, junio, 2014, Torrejón, por Pablo Müller



«…tan lejos el pañuelo que cubre su martillo / la sierra / los clavos del oficio en un silencio sin república. ¿Faltan rostros que fuimos en calendarios del despojo?»

Juan Gelman

 

Un profesor trae la lámpara mágica y olvida crecer, ¿cómo a su lado lo harán los más jóvenes?

Un guerrerodios pelea por el éxito del padre, ¿cómo no fracasar como él? ¿cómo no entendió?

Un príncipe patricio fatuo muestra el camino de los entresijos del alma de las monjas y sí, es ruido el recreo y los árboles de los patios, ¿cómo no reconocer el vacío?

Un pistolero, un espadachín, un libro viejo, el accidente de tráfico, la tarjeta de visita sobre el mostrador húmedo del barnoche, ¿cómo no dejarlo al olvido?

Un picapedrero borracho mira inconsciente la violencia dolor de la guerra de otros, ¿cómo no va a hablar a las sombras? ¿cómo no responder a ese silencio?

Una estricta muerte y su ritual acompaña al trabajo a la mañana y a la tarde vidrioalcohol y termitas, ¿cómo no contar los billetes y esconderlos de las ratas?

Un hombre viejo gruñe y fotocopia los viajes a la muerte, deja el jornal como escupitajo, ¿cómo no buscar el autobús a los lejos? ¿y el sur?

 

En los trayectos del vendedor hay charcos y baile en los polígonos industriales, hay amor, y cormoranes de cobalto al cuidado de las acerías: juegan con el humo de sus chimeneas, ¿cómo no reconocer el polvo del taller, abuelo? ¿y no llorar al amanecer en algunas de las autopistas y su peaje?

El recuerdo cae lugar paraíso perdido y se rompe ¿cómo no falso espejo? Ajusta el casco, cuida la corbata y ase el plano con las instrucciones para las incertidumbres, ¿cómo no en blanco?

 

 

 

lunes, 7 de julio de 2014

LLORAMOS DE RODILLAS ANTE EL POEMA



Zapatillas, junio de 2014 por Pablo Müller


«lloramos de rodillas ante el poema.»

Leopoldo María Panero

 

Lloramos de rodillas ante los días, sucesivos,

lloramos de rodillas ante la vida, implacable,

lloramos de rodillas ante el amor,

lloramos de rodillas ante el silencio,

lloramos de rodillas ante el no amor,

lloramos de rodillas ante el desdén,

lloramos de rodillas y con ese ruido

nos acostamos, lloramos y en despertar

tras el sueño preguntamos por la lluvia

y su inevitable tristeza sobre los coches aparcados.

 

viernes, 4 de julio de 2014

INMÓVIL VESTIDO DE NIEBLA



En la carretera, niebla y julio por Pablo Müller



«— inmóvil

te has vestido de niebla para nazca en ti

el silencio —»

Laia Martínez

 

En la carretera hay automóviles con lágrimas, hay gasolineras apagadas en las ansias y los melocotones.

En la carretera hay sábados sin más luz que la de los tranvías retirados, hay policías al borde de un ataque de manos y un pájaro que se posa.

En la carretera hay números en las cunetas, la luz encendida en la habitación de Eduardo, el hermano duerme el dolor, se me acerca y cuenta las huellas que deja el amanecer en la tarima.

En la carretera no escucho, torpe, a la niebla, vestido a la espera del silencio a la vuelta de la curva.

viernes, 27 de junio de 2014

REZO A LA SOMBRA


Madrid, junio de 2014 por Pablo Müller



«El poema es un rezo a la sombra»

Leopoldo Mª Panero

 

Rezar a la sombra es darle la espalda a la luz,

amargura es el nombre de un animal de noche.

Dicto un poema y cien manos lo escriben ,

cincuenta añaden el verso imposible, cincuenta

olvidan la palabra fin,

 

Desconsuelo: el llanto del niño en una cafetería,

el destello irrita, el vínculo rápido, ayuda,

peligra la vida, tuya, nuestra, la vida celebra

a cada instante y llanto, la vida se celebra a cada llanto

— el frenazo a tiempo del conductor borracho —,

 

Desconsuelo: la vida es un desconsuelo sin intermediarios

— espiga que crece en los márgenes de un libro —

el llanto, en el ribazo de la cosecha,

estómago que llanta el peligro de la vida…

Panero lo dice: “el rugido de león contra la boca.”

“La vida es una enfermedad incurable”, lo dice Panero.

 


domingo, 22 de junio de 2014

EL ENTRENADOR



Torrejón, en mayo de 2014 por Pablo Müller


 

En ese momento de la muerte, el entrenador recita la alineación de los muertos previos, los coloca en el campo imaginado de luz y prevé el desarrollo del partido

 

en ese momento el entrenador cita uno a uno a los miedos y a las euforias, resuelve el cambio del centrocampista varios minutos antes de su muerte

 

en ese momento ahorra la agonía del muchacho, el terror de su padre, de sus hermanos, buen

                                                                            entrenador

 que grita a los mediodías, al extraño calor de marzo, que añora el barro de la estación larga de lluvias, que insulta a los árbitros tímidos y a los descreídos.

 

Y la muerte acaricia cabellos rubios, anima a los jugadores vivos para que luchen hasta

                                                                la muerte.

 
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